«Puede que veas a Al Pacino en la tienda de ultramarinos, pero nunca te acercarías a él y le dirías: «Dios mío, eres Al Pacino».»
«Puede que veas a Al Pacino en la tienda de ultramarinos, pero nunca te acercarías a él y le dirías: «Dios mío, eres Al Pacino».»