«Cuando era niño, jugábamos a un juego de saltar a la comba llamado doble holandés, en el que había que saltar sobre dos cuerdas que se balanceaban en direcciones opuestas. Elegir el momento justo para saltar era todo un arte.»
«Cuando era niño, jugábamos a un juego de saltar a la comba llamado doble holandés, en el que había que saltar sobre dos cuerdas que se balanceaban en direcciones opuestas. Elegir el momento justo para saltar era todo un arte.»