«Soy incapaz de ver los Juegos Olímpicos debido a la fanfarronería patriotera que empapa el evento. ¿Ha estado Inglaterra alguna vez tan impregnada de patriotismo? Como es natural, la «deslumbrante realeza» ha secuestrado las Olimpiadas para sus propias necesidades empíricas, y no se permite ninguna voz de oposición en la prensa libre.»