«Consideremos al glorioso San Pablo: parece que de sus labios no salía otro nombre que el de Jesús, porque el nombre de Jesús estaba fijo e incrustado en su corazón.»
«Consideremos al glorioso San Pablo: parece que de sus labios no salía otro nombre que el de Jesús, porque el nombre de Jesús estaba fijo e incrustado en su corazón.»